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El arte de la comunicación en equipos: lo que dices no siempre es lo que se entiende

En un mundo donde cada día nos comunicamos más rápido pero no necesariamente mejor, aprender a transmitir ideas de forma efectiva se ha vuelto una habilidad esencial. La comunicación no es simplemente el acto de hablar o escribir, sino un proceso profundo de conexión, comprensión e influencia positiva. El verdadero impacto de la comunicación no está en lo que decimos, sino en lo que el otro comprende, asimila y siente.


Comunicación en equipos
Comunicación en equipos: Conversación profesional con lenguaje corporal abierto.

La comunicación va más allá de las palabras

Estudios del psicólogo Albert Mehrabian revelan un dato sorprendente: cuando hablamos de emociones y actitudes, solo el 7% del mensaje se transmite a través de las palabras. El restante se divide entre el 38% del tono de voz y un contundente 55% del lenguaje corporal (Mehrabian, 1971).


Por ejemplo, puedes decir "estoy bien", pero si lo haces con un tono apático, los brazos cruzados y evitando el contacto visual, tu interlocutor entenderá lo contrario. Por eso, comunicar no es solo hablar, sino alinear tu cuerpo, voz y mensaje en una sola dirección.


Intención vs. interpretación

Peter Drucker lo dijo con claridad: “Escuchar no es una habilidad; es una disciplina. Cualquiera puede hacerlo. Solo hay que mantener la boca cerrada” (Drucker, 1990). Muchas veces asumimos que, por haber hablado, el mensaje fue entendido. Pero la realidad es que la comunicación se mide por el efecto que genera en el otro, no por la intención del emisor.

Esto nos lleva a un principio fundamental: la responsabilidad de la comunicación efectiva es compartida. El emisor debe ser claro, empático y considerar el contexto emocional del receptor. Y el receptor debe escuchar activamente, sin prejuicios, buscando entender antes de responder.


El poder de la identificación

La comprensión no surge automáticamente del lenguaje. Según diversos estudios de psicología social, la identificación entre el hablante y el oyente influye directamente en la calidad de la comunicación. Cuanto más empatía, confianza o valores compartidos existen entre ambas partes, más disposición habrá para escuchar y comprender.

Por eso, los grandes comunicadores no solo dominan el lenguaje: también se conectan emocionalmente con su audiencia. Saben escuchar, se interesan por el otro y adaptan su mensaje según el contexto. Esta habilidad es clave para todo líder, emprendedor o profesional que quiera influir positivamente.


Hechos vs. Opiniones: aprender a diferenciar

Muchas veces, los conflictos en equipos o relaciones personales surgen porque confundimos hechos con opiniones. Esta distinción es crucial para evitar malentendidos y juicios erróneos.


Características de un hecho:

  • Es verdadero o real.

  • Se puede comprobar mediante observación, investigación o experimentación.

  • Está respaldado por evidencia objetiva.


Características de una opinión:

  • Es una creencia, juicio o sentimiento subjetivo.

  • No se puede verificar con certeza absoluta.

  • Suele estar influenciada por emociones, valores o experiencias personales.


Ejemplo:

  • Hecho: Adán habló durante 8 minutos sin pausa.

  • Opinión: Adán es un acaparador de conversaciones.


Al aprender a separar hechos de opiniones, podemos comunicarnos con más objetividad y respeto. Recomendamos hacerlo especialmente en ambientes laborales o de toma de

decisiones.

Comunicación vs. Conversación

Aunque suenan similares, la comunicación y la conversación no son lo mismo.

  • Comunicación: es el proceso de intercambio de información. Puede ser unidireccional (como un anuncio) y no necesariamente requiere respuesta.

  • Conversación: es un intercambio de ideas, emociones y opiniones entre dos o más personas. Implica retroalimentación, escucha y adaptación mutua.

En los equipos de trabajo, ambas son importantes, pero es la conversación la que construye cultura, confianza y creatividad. Un buen equipo no solo comparte datos: dialoga, explora, escucha y construye en conjunto.


Liderazgo y comunicación interpersonal

A medida que una persona asciende en la jerarquía de una organización, sus responsabilidades técnicas disminuyen y su compromiso interpersonal aumenta. Lo reafirma la investigación de Warren Bennis y Burt Nanus, quienes concluyeron: “Nuestros altos ejecutivos pasaban alrededor del 90% de su tiempo ocupándose de los problemas de las personas” (Bennis & Nanus, 1985).

Esto significa que el éxito en el liderazgo está directamente relacionado con la capacidad de comunicarse con claridad, empatía y coherencia. Un buen líder no solo habla bien: escucha, pregunta, conecta y genera confianza.


¿Qué es ser un líder de equipo?

Un líder de equipo es una figura que inspira, motiva y dirige a un grupo hacia objetivos comunes. Más allá de las tareas, se enfoca en las personas. Su comunicación es bidireccional, humana y orientada a resultados.


Ejemplo: Un líder detecta tensión en el equipo. En lugar de imponer soluciones, convoca una reunión para escuchar activamente, validar emociones y facilitar acuerdos. Así, fortalece el compromiso y alinea al grupo.


¿Qué es ser un coordinador de equipo?

El coordinador organiza, planifica y da seguimiento a tareas específicas. Su foco está en los procesos, plazos y recursos. Aun así, una buena comunicación sigue siendo esencial.


Ejemplo: Un coordinador de proyectos detecta que algunos miembros están confundidos sobre sus roles. Decide reunir al equipo, aclarar responsabilidades y establecer canales de comunicación claros.


Escucha activa: la herramienta olvidada

Gran parte de los problemas de comunicación no vienen de hablar mal, sino de escuchar poco o mal. La escucha activa consiste en:

  • Prestar atención plena (sin interrumpir ni pensar en la respuesta mientras el otro habla).

  • Validar lo que el otro siente o dice.

  • Hacer preguntas para profundizar.

  • Confirmar que entendimos bien ("lo que entiendo es que...").

Fomentar esta práctica como base de todo proceso de consultoría o acompañamiento es esencial. Sin escucha no hay diagnóstico, sin diagnóstico no hay soluciones.


El lenguaje no verbal y su influencia

Como vimos al inicio, más de la mitad del mensaje lo transmite el cuerpo. Algunos elementos a considerar:


  • Contacto visual: genera conexión, confianza y atención.

  • Postura corporal: refleja seguridad, apertura o tensión.

  • Gestos: complementan o contradicen el mensaje verbal.

  • Expresión facial: es clave para transmitir emociones reales.

  • Distancia y espacio: influyen en la comodidad de la comunicación.


Aprender a leer y utilizar adecuadamente el lenguaje no verbal puede potenciar tu influencia y liderazgo.


Estrategias para mejorar la comunicación en equipos

  • Fomentar reuniones breves pero frecuentes.

  • Establecer reglas claras de comunicación (respetar turnos, escuchar antes de responder, evitar interrupciones).

  • Usar herramientas visuales para alinear ideas (mapas mentales, pizarras, diagramas).

  • Realizar verificaciones de comprensión (resumen de acuerdos, actas, tareas asignadas).

  • Promover la retroalimentación constructiva.

  • Capacitar en habilidades blandas y comunicación asertiva.


La comunicación efectiva no es un lujo u obligación, es una necesidad. En una era de hiperconectividad, el verdadero diferenciador está en quienes saben conectar con el otro desde la empatía, la escucha y la claridad. Para lograr un cambio real es necesario estar comprometidos con formar líderes, equipos y emprendedores que no solo hablen, sino que logren transmitir, inspirar y transformar a través de su comunicación.


Recuerda:

  • No basta con tener buenas ideas, hay que saber comunicarlas.

  • No basta con hablar, hay que saber escuchar.

  • No basta con intenciones, hay que generar impacto.

¡Empieza hoy a transformar tu comunicación y verás cómo se transforma tu entorno!


Referencias

  1. Mehrabian, A. (1971). Silent Messages (1st ed.). Belmont, CA: Wadsworth.

  2. Drucker, P. F. (1990). Managing the Non-Profit Organization. HarperBusiness.

  3. Bennis, W. G., & Nanus, B. (1985). Leaders: Strategies for Taking Charge. Harper & Row.

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